a nadie
Escribo todos los días. Chapuceo en notas de móvil, en diarios, cuadernos, avanzo con la décima novela (o por ahí va) que estoy escribiendo y que, como siempre, meteré en un cajón condenada a cadena perpetua en cuanto la acabe. Eh, ni más punki ni auténtica ni nada de eso por encerrar en mazmorras de intimidad mis pequeños engendros creativos (joder, o sí). Más bien parsimoniosa de más, pero porque este mundo da una pereza insondable, y tener que demostrar ¿qué? a ¿quién? es un espectáculo (casi) siempre bochornoso. Pero sí, podría pasear un poco mis textos, por eso de capitalizar lo que uno crea, pero es que me niego, coño, yo no creo cosas para sacar rédito económico de ellas, qué idea tan pervertida esa de extraer pasta de tu arte, el arte debería crearse precisamente en contra del dinero y del sistema que lo genera y negarse a su propia prostitución. He oído que artistas de tres al cuarto van clamando por ahí, "alguna vez capitalizarás tu trauma". Frivolidad que sólo se permite decir quien no ha sufrido de verdad en la vida. Iros a la mierda.
Antes tenía un blog con cientos de entradas, bastantes miles de visitas, comentarios y de todo, y al principio, cuando me he propuesto volver a lanzar en una botella al mar mis pensamientos desperdigados, me he planteado continuar ahí, en aquel blog antiguo, escribiendo cosas nuevas, pero ¡santo dios! Cuando me he asomado a ver lo que escribía de adolescente... no me siento nada identificada con esa Teresa (o sí, pero me da cringe, o ya no quiero ser más esa persona que ahora está muerta y pertenece a otra vida, o todo esto junto) y he decidido abrirme otro blog, como si mi "yo adulta" hubiera digievolucionado y ya no pudiera convivir con lo que escribía antes. Aunque, revisando aquellas entradas, he leído cosas que estaban bastante bien, he de decir. Sobre todo frases sueltas; como que, en mitad de todo el grueso verborréico, de repente ¡zas! aparecía una idea buena. Creo que en eso he mejorado. Ahora leo lo que escribo, lo edito, borro, reescribo (si, la mítica frase de "escribir es reescribir" que a toda la gente que escribe le encanta decir). Aunque la gracia de mi blog era un poco esa: entraba, vomitaba y me iba. Debería hacer lo mismo en esta ocasión, es la idea y es el camino de la no-pretensión, proponerse no mirar atrás, soltarlo, publicarlo y adiós. Eso haré. Prometido.
La Teresa de ese blog era muy distinta a esta. Era una adolescente enfadada con el mundo pero que soñaba con que el arte podría cambiarlo. Ahora he despertado en un mundo de contenido fácil y rápido, de ideas baratas, donde el arte tiene cáncer terminal. ¿Ves? Ya ha vuelto a salir esa Teresa enfadada con el mundo, reduccionista, de todo "blanco o negro". Me da cien patadas en realidad. El caso es que en mi antiguo blog hablaba mucho de los autobuses nocturnos terroríficos que tenía que cogerme de vuelta a Majadahonda cuando salía de fiesta, de alcohol, de fumar (los temas más importantes del mundo, eh) de si el amor es lo único que puede salvarnos (ahora fuera coñas, este sí es el tema más importante del mundo), de lo incierto que es el futuro. Como si dejara de serlo, ¿no? Me he dado cuenta de que los adolescentes son plenamente conscientes de que el futuro es incierto, mientras que los adultos lo han olvidado y se arrojan a una colección de días asumiendo que simplemente suceden.
También en aquel blog salía a relucir mi parte "nadie me entiende", que cómo la odio, pero cuánto la abrazo en el fondo: discurso del palo "el mundo es una locura de lugar para habitar, hay que buscar la magia, la gente vive como dormida, abraza tu autenticidad", pues sí, algo muy adolescente y edgy y que echo de menos, porque en cuanto creces y haces amigos nuevos, amigos que te entienden y que son como tú en tantos sentidos y cercas tu círculo con gente afín a ti, todo eso se pasa. ¿Cómo no me iba a sentir fuera de lugar en ese colegio horroroso? ¿En puto Majadahonda? Ahora que ya he encontrado a mi familia elegida se ha pasado toda esa tontería.
Ah, el título de este blog: Autoinmóvil. Un juego de palabras, ja, ja, ja. Siempre me ha fascinado la palabra automóvil, que sugiere algo que se mueve por sí mismo, casi como el "primer motor inmóvil" de Aristóteles. Pero autoinmóvil sería justo lo contrario: algo que, en lugar de avanzar por sí solo, se impone la quietud, se resiste al movimiento.
Y qué más decir. No sé. No quiero hablar de mi vida privada, que quede claro, aunque estoy segura de que fliparíais con todo lo que estoy atravesando ahora mismo.
Me iré pasando por aquí.
Muá.
