Heartattack and Vine

 Se sentó en el sofá.

-Hasta que no me he sentado no me he dado cuenta de lo cansada que estaba,

y pensé:

me pasa algo parecido, hasta que no termino de desangrarme no me doy cuenta de que estoy herida.

El otro día tiré la silla transparente de Tom Waits. La llamo así porque la compré el día que descubrí a Tom Waits. Aún vivía con mi madre, era el final del verano y echaban Smoke en el Plus. La vi y me encantó; tiene todos los ingredientes necesarios para que me guste una película: azúcar, especias y muchas cosas bonitas pero también la sustancia X; por si fuera poco guion de mi querido Paul Auster, ¿qué podía salir mal? Al final de la película suena Innocent When You Dream de Tom Waits en una secuencia preciosa de voz en off que es como un cuento de navidad, porque en el fondo la canción es una suerte de villancico maldito. 

Jamás había oído nada de él ni por ende nada parecido. No podía creer lo que estaba escuchando, esa voz ronca de león alcoholizado, esa fuerza, esa pasión, esa magia. Al terminar la película corrí a buscarle en mi móvil, presa de un delirio, de un vaticinio: «Voy a enamorarme». Y así nació este amor.

Esa misma tarde se me rompió la silla de escritorio y mi madre se ofreció a llevarme en coche al Európolis a por una nueva. Európolis es un polígono industrial monstruoso y solitario donde siempre he pensado que se podría rodar una película de terror estupenda. 

Le puse en el coche a mi madre Heartattack and Vine.

-Mamá, tienes que escuchar esto, lo he descubierto hoy por una peli, es una locura. ¿Tú sabes quién es Tom Waits?

Me dijo que no y la canción no le gustó nada, así que cuando acabó sintonizó Kiss FM.

That's the feeling 

Compré una silla que atesoré durante años, una silla de plástico transparente que me he llevado en todas mis mudanzas y que he tirado hace poco porque ya no daba más de sí, una silla que adoraba porque me recordaba al día que descubrí a Tom Waits, y me siento como si hubiera quemado un talismán, una reliquia. Echo de menos esa silla. Se puede echar de menos una silla.

Cuando volvimos a casa desde el Európolis el cielo estaba rojo y apenas había nadie en la carretera. Me encantan esos momentos. El mundo se suspende un breve instante, estás lejos de la ciudad y todo parece de mentira.

Pasé las siguientes semanas escuchando a Waits sin parar. Pintaba en mi habitación escuchando sus temas, Heartattack and Vine, Ol' 55, Hoist That Rag, Jockey Full of Bourbon, Rain Dogs, Singapore, Downtown Train, Clap Hands, Big in Japan, Tom Traubert's Blues, vivía en el álbum de Alice, incluso en las rarezas de Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards, aquel cofre inagotable de caras B, canciones perdidas y experimentos de garaje que escuchaba como si llegara al fondo de una caja de música oxidada, y todas todas todas las demás, y mi hermana y mi madre venían a mi puerta a llamar para decirme que quitase esa mierda de música que parecía el canto de un mendigo borracho. Pero me daba igual y seguía escuchándole, me inspiraba: sus letras, su experimentación, su locura, su genio, su autenticidad, su corazón eléctrico, ÉL.

Leyendo su biografía llegué a Rickie Lee Jones y tuve otro flechazo. ¿Qué había hecho mal para no haberla conocido antes? Me pareció tan maravillosa, tan talentosa, tan bella, que me dio rabia haberla descubierto a raíz de haberle conocido antes a él. Me leí su historia de amor, cómo se volvieron locos el uno por el otro, cómo ella se autodestruía hasta que él ya no pudo sostenerla, un amor pirata e imposible, algo que siempre soñé tener y jamás tuve. Eran los 70, la gente se jugaba la vida, se lanzaba a la carretera sin rumbo, drogándose y escribiendo, no había nada más importante, los dos juntos ejemplifican el radicalismo y la rebeldía underground, les imagino bebiendo como si no tuvieran fondo cuando salían del Troubadour, el club de Los Angeles en el que cantaban a menudo, escribiendo en papel mojado en bourbon, ensayando sus letras en el coche fumando, experimentando, ¿y en serio la gente hoy en día tiene como máxima meta ser contratado por una empresa y meterse en una oficina que quede bien en Linkedin? Al final, me doy cuenta, idealizo -como casi siempre idealizo todo, pero sino, ¿qué queda?- la relación de ambos, cuando todo lo que dice Rickie Lee Jones de Waits hoy en día, en sus propias palabras, “¿Mi recuerdo de Tom Waits? Sábanas sucias”.

Pero a mí no me engaña: le amó hasta la luna.

Soy tonta y pedante y plasta pero lo voy a decir porque no tengo miedo a ser nada de lo que acabo de decir: no puedo comprender el éxito de "cantantes" como Bad Bunny y el furor mundial que causan, es inexplicable a mis ojos, toda esta horda de fans que tiene, no ceso de preguntarme cómo es posible que se escuche más a Bad Bunny que a Tom Waits, cómo puede ser que hayamos pasado de tener un Bob Dylan para tener a este bobalicón, que hayamos pasado de Joni Mitchell a Taylor Swift, de Billie Holiday a Olivia Rodrigo. Aunque no es realmente así y seguramente coetáneamente a los artistas que acabo de nombrar también triunfaba música mediocre, y hoy en día también se hace música increíble pero no llega tan fácilmente a petarlo. ¿Se me está perdiendo algo? ¿No sé apreciar las cosas nuevas? ¿Sueno como una bummer pretenciosa? Me da igual; sé que no estoy sola en esto, pero somos minoría y sólo nos queda vagar por el mundo arrastrando nuestra sombra por aceras bañadas de los neones blancos de los malditos Specially Coffee escuchando a nuestros poetas muertos en Spotify.

Mi novio

Cuando me vacío de sangre y miro casi muerta los agujeros rojos de mi corazón me doy cuenta de estar herida, y en esa débil palidez de mi delirio vuelvo a Tom y me inyecto de nuevo la vida y soy inocente porque de nuevo sueño. Tom Waits me salva. Tom Waits es como el niño que jamás dejó de jugar en el bosque, el artista que nunca dejó de crear como si no fuera nadie a ser testigo de su obra, primitivo e inocente. Un soñador. Todo lo que debe ser un artista.

Para cerrar no voy a compartir otra canción suya, sino otra que no tiene nada que ver, una delicia de versión orquestal de Duke Ellington simplemente porque llevo todo el día oyéndola y, de alguna extraña manera, me ha inspirado a escribir esto sin tener nada que ver con Waits. Estaba escuchando la pieza que ahora compartiré en mi escritorio, pegada al ventilador, terminando una joya Tudor que tengo que enviar, cuando sentada en mi nueva silla -una butaca del siglo XIX, pero esa es otra historia- he echado de menos aquella silla transparente de Tom Waits por la tonta razón de que esta silla nueva chirría demasiado y hace ruido como si estuviera viva, y pensando en que la echo de menos he pensado también en el día que la compré y en todo esto. Una cosa lleva a la otra, como el vacío a la consciencia, como Smoke a Waits, como Ellington a esta escritura que ahora cierro con un pequeño punto.