Cines Café Country

 

A la salida del curso de joyería 

dejando atrás el mágico 

cuasi medieval taller,

después de modelar y escuchar

las fantásticas propiedades de las piedras preciosas

me pierdo en la rareza de las calles semidesiertas 

de los polígonos de Suanzes

feas, desangeladas, parecieran hechas del mismo latón que vengo de modelar,

un plató gigante abandonado

un desierto de sueños de tarde

-mi zona de confort-

y pienso que de una forma fantasmal

se parece a Rotterdam.

Es difícil hablar de Madrid como si se conociera Madrid si sólo se habla de ese epicentro de empedrados, historias importantes, neones, McDonald's, grandes avenidas concurridas, bancos, turistas, enclaves de postal

porque este laberinto de pasillos kilométricos de asfalto 

de polígonos y arena

antaño villa de yonkis 

hoy todavía barrio obrero,

es también Madrid, Madrid, Madrid

-sumergida en el centro a veces 
olvido

que aún se sedimenta un éter antiguo

de luz azul de televisor 

de atardecer de tabaco;

que en algunas barras de bar todavía se respira el mismo aire que pensaba

que había evaporado la tormenta de este tiempo

 de cafeterías prefabricadas 

pantallas

y compras online

-una noche a la salida del taller de joyería 

entraré

a los cines Café Country 

al Bingo Las Vegas

me pediré un whisky doble

-hice y haré de mi vida una película 

y nada más