Díptico de tierra y sangre
Parte 1: sobre Dead
Esta historia de amor entre un adolescente y la Muerte sucedió en Oslo a finales del siglo pasado, aunque bien podría haber tenido como escenario Dakota del Norte, población de EEUU con un 30% de ascendencia noruega. Siempre que vuelvo a ella me parece que tiene una narrativa norteamericana: un adolescente gótico rubio de familia disfuncional; una banda de música formada en un garaje; armas... será que toda "white trash" estadounidense tiene semejanzas con la Europa más rubia y esteparia.
Pero Dead, el cantante de Mayhem, grupo icónico de black metal, no nació en Noruega, sino en Västerhaninge, Suecia. Su nombre de pila era Per Yngve Ohlin, y su aka le fue dado porque vivía obsesionado con lo fúnebre, con la idea de su propia muerte. Estaba enamorado de la Parca.
Antes de unirse a Mayhem, Dead comenzó a enviar cartas desde Estocolmo a los miembros del grupo noruego. Euronymous, el guitarrista, quedó fascinado por su estética y actitud. Dead llegó a firmar algunas cartas con su propia sangre y a incluir fotografías en las que aparecía con el rostro demacrado y cadavérico. No tardaron en aceptarlo como uno más, y con apenas 16 años se trasladó de Suecia a Noruega. Por fin, pudo canalizar su obsesión a través de la oscuridad de su música.
Cuentan de Dead que era como un muerto en vida que no cesaba de hablar sobre los castillos de los Cárpatos. Había en su tez un lustre que no era de este mundo. Parecía un cadáver que vivía por inercia. Portaba su filia como traje. Llegó a parecer un cuerpo al que acabasen de desenterrar; es más, antes de los conciertos enterraba su ropa para que oliera a humedad. Se recreaba imaginándose enterrado. Soñaba con despertar bajo suelo. Llegó a dormir en lechos cavados en la tierra. Siempre he creído que había algo inconfesablemente erótico para él en toda aquella ritualística.
También se cuenta que toda esa fijación con la muerte viene de que de niño estuvo clínicamente muerto unos instantes tras la ruptura de su bazo; él contó que se cayó patinando sobre hielo, pero su hermano confesó años más tarde que le daban palizas mortales en el colegio y que su estado crítico se debió a uno de estos episodios. Al despertar en el hospital del limbo y sobrevivir, se enamoró de la Muerte como redención ante la vida. Se enamoró de la idea del Fin de esta existencia mundana y absurda, que es enamorarse de la aniquilación del sinsentido. Es enamorarse de la Verdad.
Sólo se puede amar a la Muerte estando vivo, pero la propia muerte es la única manera de darse al encuentro con dicha amada. Esta paradoja me parece retorcidamente bella.
Leí en Wikipedia que Dead encontró un cuervo muerto y se lo guardó en el bolsillo, dentro de una bolsa. Antes de salir al escenario, la olía. Decía que así podía cantar con el hedor de la muerte en la nariz. También dejaba animales muertos bajo su cama y los dejaba pudrirse.
Dibujo by Dead
Qué le debió pasar durante su vida para alimentar sus obsesiones es lo de menos. Muchos jóvenes viven con familias turbias, han sufrido bullying, han estado al borde de la muerte y no acaban como él.
Dead llegó a rajarse en el escenario, algo que también hizo mi amada Angélica Liddell; y, tal y como ella dice sobre lo innato e inimitable: Hay que nacer.
Dead nació así. Nació en ese mundo al otro lado del espejo.
Las explicaciones clínicas ante estas extravagancias de carácter aniquilan la poesía y atropellan la identidad, el alma.
Hay que nacer, no todo es Freud. Hay que nacer. Y se muere como se nace.
Dead se suicidó en abril de 1991 con la escopeta de caza de Euronymous. Ambos vivían juntos en una casa aislada en Kråkstad, un pequeño pueblo al sureste de Oslo. Antes de dispararse en la cabeza, Dead se cortó las venas de los brazos y el cuello con un cuchillo de cocina. Dejó una nota que comenzaba con la frase: “Excuse all the blood.” Euronymous fue quien encontró el cuerpo. Le tomó una foto al cadáver, aún caliente, recogió fragmentos del cráneo y más tarde utilizó la imagen como portada del álbum Dawn of the Black Hearts.
El público se echó las manos a la cabeza.
Pero pienso que a Dead le hubiera encantado. Creo que Euronymous sacó esa foto con cierta ceremonia, con una media sonrisa, diciendo "buen viaje, amigo". Sacar esa foto fue un acto de amor. Porque lo supo: era una foto de Dead llegando al cenit de su sueño. Era Dead con su amada.
En lo que a mí respecta, le habría deseado a Dead una vida larga y bonita. Pero no puedo deshacer nada de lo que aconteció. Así que, ante lo irremediable, no es agravio extraer lo poético que en ello habita.
Es curioso pensar que en esta música llena de fiereza y rabia, que a mí a veces me cuesta escuchar, late una dosis incalculable de tristeza y dolor.
Parte 2: poemas de sangre y tierra
Abajo
en la ciega humedad de la tierra
enterraré los ojos
que no me miraron
cuando me vieron.
.
He cruzado todo umbral de dolor;
ya sólo reparo en la herida
cuando mi cuerpo termina de desangrarse.
.
Al otro lado de los espejos
se despliega la dimensión del sueño,
mundo paralelo donde todo parece igual
pero es mellizo.
De ahí vengo y,
sin embargo,
no podré volver jamás.



