Llevo varias semanas pensando en ti, y no dejo de volver a este cuadro de Paul Delaroche. Representa el instante antes de que le cortaron la cabeza a Jane Grey, cuando apenas tenía 16 o 17 años. Qué atrocidad. En aquel tiempo se creía firmemente que, al morir, el alma ascendía al Cielo. Sólo deseo que tanto tú como ella llegarais al cadalso con esa esperanza. Me consuela pensar que fue así.
No existe ningún cuadro que retrate tu ejecución con la misma impronta que el de Jane. Por eso, cuando contemplo esta pintura, también imagino que representa tu muerte, aunque tú perdiste la cabeza por el tajo limpio de una espada, no un hacha; una espada que, además, fue encargada por tu marido, Enrique VIII, pues el plan era quemarte viva al haber sido acusada de brujería, pero como "acto de clemencia" mandó traer al mejor espadachín de Francia para que la muerte fuera "indolora y rápida". Manda cojones.
Me hace ilusión contarte las cosas que más me gustan de ti: el hecho de que le montaras pollos de órdago a Enrique VIII en pleno palacio porque era un inútil, borracho y mujeriego; que fueras amante de la moda y pusieras a la orden del día las modernas vestimentas francesas en la corte de Inglaterra; tu collar con la inicial B forjada en oro de la que cuelgan lágrimas perladas; que eras culta, divertida, lista y te enfrentaste al siniestro Thomas Cromwell —antaño tu aliado— porque era un corrupto de mierda, aunque por desgracia aquello, junto con zarandear la frágil autoestima del asqueroso Enrique VIII, te costase la vida.
Eras la reina de Inglaterra, tu marido fue capaz incluso de dividir a la Iglesia sólo para hacerte su esposa y aún así un grupo de hombres, entre los que se hallaba tu tío Thomas Howard, tuvieron la potestad de ordenar tu muerte mediante calumnias. Para cuando te cortaron el cuello el 19 de mayo de 1536 la imbécil de Jane Seymour ya estaba prometida con Enrique. Once días después se casó con el rey. ¿Casualidad? ¡Venga ya! Enrique quería sí o sí un hijo varón que tú no lograste darle, y en cuanto vio que podía dejar preñada a una amante te quitó de en medio con la ayuda de Cromwell, que quería literalmente tu cabeza. Respecto a lo de Jane Seymour sé que era otra época y tal, pero tía, ¿cómo se le ocurre a alguien casarse con un tío que acaba de ordenar la decapitación de su esposa? Jane murió doce días después de parir a Eduardo VI por complicaciones posparto.
Tu hermana María Bolena me parece un coñazo. Sí, lo sé, no tiene la culpa de ser una sopa sin sal, ¿pero eso de que ni se despidiera de ti cuando te condenaron a muerte? Es demasiado ruin. Meses antes tú estabas intentando engendrar el esperadísimo hijo varón de Enrique y cogió María y —sabiendo que tú venías de varios abortos espontáneos— se plantó en la corte presumiendo de bombo. Aquello te pareció un alarde de tan mal gusto que le negaste los favores reales y no la volviste a ver. Un poco desmedida sí que fuiste, eh. La tuviste malviviendo y eso que era hermana de la reina: tú. Heavy que te casaras con Enrique cuando había sido ex amante de tu hermana María, otra cosa que quería comentarte, pero bueno hija, estamos hablando de ser reina de Inglaterra, ¿a quién no le va a gustar...? ¡Aunque nos cueste la cabeza! O peor aún: acostarse con ese engendro.
Te hizo el love bombing más brutal de la historia; eso de paralizar Londres, decretar varios días de fiesta para desfilarte bajo un dosel de oro en una litera cubierta de sedas al hilo de música celestial y cánticos de vírgenes, arcos triunfales y un espectáculo en el que un halcón blanco, tu emblema, era coronado por un ángel... al pueblo inglés aquello le pareció fatal porque para ellos la verdadera reina era Catalina de Aragón, recién encerrada en una torre por el señor Enrique hasta el día de su muerte —no se la pudo cargar porque habría desatado unos conflictos apabullantes con la corona española—. A ti sí pudo matarte. Tú no tenías sangre real. Tres años después del bodorrio por todo lo alto va tu marido y te acusa de adulterio, de follarte a tu propio hermano y de traición con pruebas falsas y te manda matar; de paso se cargaron a varios hombres más que Cromwell deseaba quitarse de encima inventándose que eran tus amantes. Entre ellos tu propio hermano George. Dos pájaros de un tiro. Pobrecillos ellos también. El cabrón de tu marido ni presenció la ejecución, se quedó esperando a que le dijeran "ya está hecho"; se piró de caza mientras tú esperabas la espada del verdugo. Te juro que le mataría con mis propias manos.
Te habría encantado saber que Enrique —me encanta esa cosa tan española de que en realidad se llamaba Henry pero le digamos Enrique, traducido, con todo el morro— explotó en su propio ataúd como una cebolla podrida.Murió en 1547, a los 55 años, tan obeso (no pienso que haya nada malo en estarlo, que conste), ulcerado, con la pierna gangrenada y el cuerpo tan reventado por dentro que el cadáver empezó a supurar. El ataúd no soportó la presión y se abrió inundando el suelo de la capilla de Windsor con fluidos de descomposición. ¡Aquello debía oler...! Aún no se sabe la razón exacta de la implosión cárnica. Yo quiero creer que explotó por toda la mierda que llevaba su espíritu como un volcán de heces, bilis y murciélagos.
Este fotograma de la peli Spencer en el que Amy Manson hace de ti me encanta, aunque no creo que te parecieras a dicha actriz. Ningún retrato supuestamente tuyo eres realmente tú. Se pintaron póstumamente. Mandaron destruir todos los originales después de tu asesinato. Aunque ahora cabe la posibilidad de que hayan dado con tu verdadero rostro por medio de un software informático unos científicos expertos en reconstrucción facial ya que encontraron muchas similitudes entre tu retrato de Nidd Hall y el de la medalla "The Most Happy" de 1534, la única imagen que hoy en día sabemos que corresponde a ti 100%. Una vez leí que tu hija llevaba dicha medalla siempre consigo: qué horror debe ser crecer sabiendo que tu padre ordenó ejecutar a tu madre; así acabó, que no se casó jamás, seguro que era por los traumas que tenía, aunque dicen que era boyera.
De ti dicen que llamabas la atención porque eras muy morena de piel en la pálida Gran Bretaña, y muy desparpajada en la también polite Gran Bretaña. También dicen que eras feucha, pero las feas y carismáticas son más atractivas que la gente guapa y sosa.
Le he dado a chat GPT las fotos de dicha moneda y retratos encontrados que podrían ser tuyos y le he pedido que me haga una reconstrucción.
¿Puede que fueras así?
¡Ah! y esta de abajo soy yo :) Así me pones cara. Las obras de la plaza de Santa Ana son un asco, al final se cargaron a los árboles para la puñetera obra del parking y ahora está todo vallado y en obras como Madrid casi siempre, pero ayer me sacó esta foto Víctor y bueno, me gusta a pesar de que están sacadas en mitad de ese desastre.
Una vez leí un meme maravilloso que decía algo así como "físicamente complazco la mirada masculina, pero intelectualmente soy una amenaza para los hombres".
Pues ESO.
Como tú con Enrique VIII.
No me siento identificada con ese eslogan feminista-pop
"Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar",
porque en lo que a mí respecta
sí que me han quemado viva infinidad de veces.
Me llevan arrojando a hogueras desde que tengo memoria.
Soy la resurrección de un incendio.
Y como el tuyo, Ana, mi corazón está prendido
y si me lo arranco y lo arrojo al aire
ardería la ciudad.
Me van a seguir arrojando al fuego.
Lo sé.
Pero soportaré el dolor infinito
como hemos hecho las mujeres a lo largo de a historia
con la misma entereza que tú al arrodillarte ante el destino
más injusto jamás imaginable.
Volveré a escribirte como vengo haciendo años en mis diarios
y mientras tanto pensaré en ti.
Te quiero.
PD: Te dedico esta maravilla de Francesca Caccini. Su historia es increíble, pero te la cuento otro día.