a Deborah for ever
nos perdimos por aquella colonia de casas, te dije que era como el pueblo mágico de Big Fish, me dijiste que era raro porque a pesar de vivir cerca de aquel lugar jamás lo habías encontrado, tenía algo fantasmagórico y sin embargo había familias y árboles y el centro de la ciudad estaba cerca pero no tanto, la distancia perfecta para no ser un suburbio y tampoco dejar de ser ciudad, comentamos las casas de colores, la roja y la verde y aquella amarilla gigantesca con las ventanas diminutas que parecía un decorado liminal, en un contenedor encontramos dibujos que un adolescente había tirado de cuando era niño, eso dedujimos al ver también el puzzle de ese cuadro del Prado que me llevé a casa y aún no he hecho, junto con ropa diminuta, cosas que ya no quieres cuando creces, cosas que eran tu vida y ahora son basura, y caminamos hacia dentro, muy dentro del laberinto, y encontramos una casa abandonada, ennegrecida, con vegetación creciendo en las tejas, semiderruida, casi podrida, olía a remolacha, ¿te imaginas que pudiéramos comprarla? ahí estaba esa casita de pueblo, porque debía haberse erigido mucho antes de que Madrid se tragara aquella zona agrícola y la convirtiera en ciudad, la casita de cuento rodeada de chaletones brutales, resistente al tiempo, me enamoré de la casa y lo entendiste, te puedes enamorar de una casa, igual que tú te enamoraste de aquella estrella, pregunté a los vecinos timbrando descaradamente, te dio mucha vergüenza pero te reías, pregunté si estaba en venta y no lo sabían, y tú sabías que jamás podría comprarla pero te hacía ilusión mi ilusión, también les pregunté si sabían algo de los dueños y dijeron que ni idea, que no era de nadie, pero que habían ido hacía poco unos señores a tomar medidas y a tasar, no conseguimos saber más, trasteando en google poniendo el nombre de la calle la encontramos subastada por la Comunidad de Madrid el anterior verano a 500.000 euros y no la había querido nadie, menudo descaro, dijimos, si esa casa no puede valer eso, es una ruina, debe ser por el terreno, el terreno es edificable, alguien lo querrá para demoler la casa y construir un chalet, y con el abatimiento de descubrir el sueño como inalcanzable encontramos una terraza inhóspita, Madrid aún sabe guardar secretos, no todo es el centro, aún quedan lugares anónimos pero con alma, no se lo digas a nadie, tampoco cuentes que soñé durante meses con esa casa abandonada, nadie vive en ella, debió ser de una familia que ya no existe, debió morir una señora mayor, la dueña, sin vástagos ni herederos y la robó la Comunidad de Madrid para venderla a precio de oro, qué fácil sería meterse a vivir ahí, reformarla pero sin destruirla, no como han hecho los chalets de al lado que debieron demoler las casitas que antes había, si fuera rica compraría esa casa superviviente, una casa de pueblo en Madrid, con su jardín mágico, porque creemos en la magia, ¿verdad? aunque sea un poco naive así somos,
fue nuestra la casa aquella tarde.
recordaré ese día, M., te lo prometo, lo recordaré siempre.