Ola negra

Maravillosa fotografía de Joseba Bengoetxea

Casi las 5am y sólo Wagner puede salvarme, es decir, terminar de hundirme en el fondo del mar.

A veces cuando me preguntan cómo estoy no encuentro palabras a la altura de mi estado. Poner "La isla de los muertos" de Rajmáninov  retrataría a la perfección lo que llevo por dentro; sin embargo respondo "estoy bien, gracias, ¿y tú?" que es mucho más sencillo y, desde luego, mucho menos pretencioso.

Secretamente pienso que la poesía es impotente a la hora abordar el espectro de los sentimientos. Ningún poema puede abordar lo que ahora siento mejor que el preludio de Tristán e Isolda de Wagner. 

Las palabras no pueden alcanzar la dimensión de la emoción hasta convertirse en la emoción misma. ¿Puede algún poema sobre la primavera poseer más identidad de primavera que "la consagración de la primavera" de Stravinsky, que es casi más primavera que la propia primavera? Y quien me corrija y diga que la primavera no es una emoción es que no ha entendido nada. La primavera es la emoción más hermosa del mundo.

La música clásica es para mí la única dimensión con capacidad de atravesar el alma, la única capaz de sumergir la conciencia en el lago verdadero de lo inconfesable, lo intocable, lo impronunciable. 

Mientras que la poesía habla del abismo la música lo abre. El poema hace que podamos sentir el vértigo pero la música es la caída.

Toda la vida he buscado una poesía que pudiera hacerme sentir lo mismo que Strauss, Rajmáninov, Tchaikovsky, Beethoven, Stravinsky. No lo he logrado. No se acude a la poesía para sentir, sino para leer confesiones sobre sentimientos. No quiero decir que la poesía sea inferior a la música, pero sí es esta última la única que puede ser el sentimiento mismo. 

No quiero escribir una palabra más en toda mi vida. Jamás podré hacer llegar con palabras a nadie las cosas que he sufrido. Sólo podría exorcizarme si tuviera el talento de Wagner para componer una ópera. Sólo el terreno de lo verdaderamente invisible, el sonido, la melodía, podría ser el campo de batalla para morir dignamente. El verdadero harakiri.

Cuando la ola negra me traga no hay poema que pueda sujetarme. Cuando llega la ola negra no quiero surcarla: ansío que me trague. La poesía verbaliza el surco de la ola, la música se convierte en la ola misma.


Recuerdo descubrir esta pieza gracias a Melancolía de Lars Von Trier. La vi en los Golem con 16 años. Volví corriendo del cine a casa y me puse esta pieza en bucle, y me dije, "esto es... era esto lo que llevo buscando toda la vida... es esto lo que siento y no otra cosa".