Luz de oscuridad
Si no fuera luz
no podría escribir sobre la oscuridad.
El conflicto de la oscuridad reside en no poder verse a sí misma,
ni tampoco ver la luz.
La oscuridad no puede ver nada.
Es ciega.
Así, la oscuridad no lo es por su ausencia de luz,
sino por esta ceguera.
Y, sin embargo,
la oscuridad enciende lo incontemplable.
La oscuridad alumbra–
–el odio
la envidia
la avaricia
la carencia
los abusos de poder
el silencio de los cómplices
el golpe sobre la mesa
la huida del cobarde
la sala de torturas
el duelo de las náufragas
el bosque de los ahorcados
las hogueras de las brujas
la mano que acerca la antorcha
los soldados muertos
los cráneos fragmentados
los torreones acribillados
los campos calcinados
las fosas que se abren
las fosas que prohíben que se abran
los golpes contra los niños
los tiros en la frente
las piernas rajadas
los vientres eviscerados
los féretros abiertos
los féretros cerrados
los ojos que no amaron
los ojos que buscaron lo inconfesable
los ojos arrancados
los perros devorando los ojos
los galgos ahorcados
los animales hacinados en el matadero
el hombre que los va electrocutando
los dedos ensangrentados del violador
el semen del asesino sobre medias rasgadas
el cuerpo enverdecido en la orilla del río
la araña que entra en la boca muerta
la frialdad del policía al acordonar la zona
la sonrisa del asesino en la comisaría
las lágrimas del asesino antes de la inyección letal
la sonrisa de la madre de la víctima al ver el veneno que será inoculado
el secreto disfrute del verdugo
la impasibilidad del enterrador
los migrantes flotando en el Mediterráneo
las fronteras que se cierran
los corazones que se cierran
los corazones ya cerrados
–y sólo la luz puede cegar
esta lumbre oscura.
