AZUL PRUSIA

Alex Katz, "Trío", 2017

1.

Salgo de clase de pintura. Un viento frío me envuelve. El cielo se tinta de un malva violento, las nubes son espesas pero no eclosionan en lluvia. Por fin el cielo se parece algo a lo que se puede esperar de un cielo de otoño. Las nubes, densas y ennegrecidas, parecen esforzarse en contener una tormenta. Pienso que yo soy como esas nubes. También contengo mi tormenta. Luego pienso que ningún ser humano moderno, ruin y ansioso que va al supermercado a comprar plásticos bañados de sangre merece pensar que está a la altura de una nube que contiene corrientes eléctricas. 

Paseo por mi hermoso pero trágicamente gentrificado barrio de las Letras.

Pagando el aceite de oliva en una tienda de vinos de la calle León percibo que no se me ha quitado del todo el azul prusia de debajo de las uñas. Últimamente pinto con los dedos.

De vuelta a casa el cielo se ha oscurecido aún más. Espeso, místico, inalcanzable, parece escrutarnos desde lo alto, parece querer escupirnos relámpagos y lluvia ácida. Lo merecemos.

Ya nos gustaría a nosotros, infectados de una imitación de la vida, rozar la grandeza del cielo. El hombre llegó a pensar que al mismo Cielo ascenderían los fallecidos que fueron benevolentes, pero ningún alma humana merece la grandiosidad del cielo, más me creería que nuestras almas van a parar a los excrementos de los monos.

¿Soy feliz?, me pregunto de vuelta a casa. ¿Quiero serlo? ¿La felicidad idiotiza?

“No temáis a la felicidad. No existe.” Michel Houellebecq.

2.

Daremos mil vueltas a por qué erotizamos la violencia. La supervivencia es el delta que nos desemboca en las fauces del enemigo. Ninguna niña sueña con ser devorada. Las niñas sueñan con palacios. Con príncipes. Con reinar. Las mujeres caen en las garras del demonio cuando a la puerta no llama ningún ángel, sino la bestia trajeada. La hora blanca, la hora de la aniquilación, nada podrá hacerse para evitar perder los ojos. Nos diremos eternamente que nos quedamos ciegas por amor, pero la realidad es que nos arrancaron los ojos contra nuestra voluntad mientras aún queríamos decir, con la boca llena de sangre, "si yo te quería, te quería, te quería...".

capricho de Goya

3.

Lola Lolita es famosa. No sé por qué. Busco en Google, "¿por qué es famosa Lola Lolita?". Leo que se hizo famosa en TikTok porque subía vídeos bailando desde los 14 años. Catorce años... una cría, y pienso que debían verla muchos, muchos pervertidos. Yo he sido una niña de catorce años. He sentido esa mirada sobre mí incontables veces. La mirada del viejo que quiere mancillarte. Los pervertidos han hecho famosa a Lola Lolita, ellos y las tontas que se idiotizan con sus vídeos y quieren ser como ella, y se pinchan los labios y se ponen tetas y se dejan el pelo hasta el culo y se ponen mechas californianas y bailan para TikTok, es decir, para los demás, para los pervertidos, para los cerdos, para los monos, para la posteridad de la banalidad.

Artemisia GentileschiSusana y los viejos (1610)

4.

"El club de la lucha" es, sin duda, una de las mejores películas de los últimos treinta años. Decirlo hoy suena casi ridículo, provoca risa, porque la película está desvirtuada por el mal llamado wokismo. Pero me da igual. Brad Pitt no podría estar más magnético, más erótico, más superlativo: el superhombre nietzscheano hecho carne. Norton, en cambio, está espléndidamente gris, tan apagado que acaba brillando. Y no me importa que la tilden de machirula (era una crítica, no lo entendieron), ni que sea edgy, ni que resulte fácilmente parodiable. Viviría dentro de esa película para siempre. Quiero ser Tyler Durden.

Soy Tyler Durden.

5.

Repudio a los fascistas por encima de todo, y les reconozco como el mayor cáncer social, pero la orilla en la que estoy varada no tiene frutas frescas y las que me arrojan ya están mascadas. No comulgo con la izquierda que campa a sus anchas midiendo cada opinión con su vara moral. Hoy ser de izquierdas implica temer ser desterrado por “los tuyos” en cuanto digas una supuesta “barbaridad”. A veces lo mejor sería no dar tantas vueltas, pero ahí están: feministas de Instagram revisitando a Lars Von Trier para hacer reels sobre su “misoginia”, o advirtiendo que “cuidado con las películas de Almodóvar, que algunas normalizan la violación”. ¡Ahora resulta que ya no se puede disfrutar de Átame porque el personaje de Antonio Banderas es un “hijo de puta violador que secuestra a una mujer”! Entiendo desde dónde nace esa revisión, pero ¿es tan necesario?
Se puede juzgar la pesadilla que le hizo pasar Von Trier a Björk en el rodaje de "Bailar en la oscuridad" y ver y adorar "Bailar en la oscuridad". Lars Von Trier debería estar en la cárcel, pero sus películas son maravillosas. Y es compatible.
Debate, separar la obra del autor, ¿no puede quedar en cada uno?


Dios ampare en sus brazos a los que no separan la obra del autor, sólo él sabe lo que se pierden.