Vamos a darle caña a algunos pensamientos, que tengo prisa, demasiado mono de fumar (lo estoy dejando por vez 1109238 y sé que volveré a fracasar en el intento porque la vida es una permanente derrota) y ponerme a hacer trabajos que TENGO que hacer para poder permitirme la compra del Liddle.
Sí, el título de esta entrada es por la obra homónima de Simone Weil, mi Mayonesa Cigarro, la que entendió verazmente el amor, pues éste se mide —no puede mesurarse, pero ya me entiendes— en tanto cuánto eres capaz de sacrificar por lo que amas, y ella amaba a la humanidad, aun siendo ésta una deformidad inmoral, pues se ha de amar hasta los defectos. La renuncia a los privilegios es el mayor acto de sacrificio, y ella sacrificó su tiempo y su clase para ir a trabajar la fábrica. No por experienciar lo obrero en un sentido turístico, ni por teoría marxista, sino por el compromiso moral de comprender desde dentro el sufrimiento de los otros, dejar de hablar sobre el dolor de clase y, en cambio, habitarlo. No se puede amar a la humanidad —diría ella, con su delgadez física y metafísica— sin hacer el esfuerzo concreto de cargar con algo de su peso.
En cuanto a los pensamientos desordenados de Weil, quiero compartir algunas anotaciones que hice:
La revoluciones, por ejemplo, si no se mintieran, sabrían que la realización de la revolución les haría desdichados, pues perderían así su razón de vivir. Lo mismo ocurre con todos los deseos, escribiste, Simone.
Y he de criticarte, porque aunque cierto, no es la potencial desdicha un riesgo suficientemente grande como para renunciar a la lucha, ni mucho menos se ha de interpretar la lucha de los oprimidos como un mero deseo cuando lo que hay tras ella es el paradigma de liberación y dignidad humana, que nunca se extinguiría sólo por cumplirse. Por lo mismo, se ha de ser anarkista aunque sea un modelo irrealizable, porque cualquier negación a posicionarse en lo que es justo y bello sólo porque es contrafáctico significa someterse al molde y al yugo del sistema imperante.
Mi querida Anne Sexton en esta foto, en una habitación en la que parecen volar papeles como si tuvieran vida propia. Anne volaba desde su máquina de escribir sin necesidad de moverse.
(...) All day I’ve built a lifetime and now the sun sinks to undo it. (...) And I wonder about this lifetime with myself, this dream I’m living.
Pensamientos desordenados que se reordenan cuando escribo, igual que aterrizan después de revolotear los borradores de Sexton. Escribir estructura el pensamiento. Son las letras mi mirador del mundo, donde desmigar el instinto y la intuición visceral.
Cuando decido desinhibirme en redes sociales un mínimo, tantas veces me dicen (y voy a quedar de creída diciendo esto, lo sé, hate me) "eres súper graciosa, tía, hazte un podcast, o TikTok, yo creo que tendrías un montón de seguidores." Y esta es de las cosas que más me irrita que me digan. Para empezar, porque fetichizan mi excentricidad y, al servicio de este sistema capitalista, le ven un beneficio, una potencial suma de likes —cuando no tengo ninguna gana de gustarle a gente que siquiera conozco—. Proponen que mercantilice mi carisma y desparpajo, mi rabia y contundencia, que me ponga en el punto de mira y me convierta en producto dentro de un sistema algorítmico de contenido espídico. VENGA YA. Por un lado, no tengo el suficiente ego —de esa índole— para emprender semejante proyecto y, por otro, tengo el suficiente ego —de la otra índole— como para que me baste mi opinión y la de los míos para construir una autoestima sólida sin necesitar la validación de desconocidos.
Además: soy artista. No soy “yo misma” el centro de mi contenido. Que una cosa es dar tu opinión o usar tu influencia para hablar de cosas interesantes, y otra muy distinta tener un instagram que sea una propaganda de ti mismo. Para quien me conoce sé que puedo resultar un personaje. Pero, en todo caso, soy un personaje privado y no un mono de feria. Un personaje para mis amigos. No voy a intentar ser un personaje público para randoms de internet. Qué malgaste de energía.
(Lo suelto y me quedo tan ancha; y sí, me voy a permitir la pequeña hipocresía de criticar a quien se expone porque cree que tiene algo importante que decir mientras hago yo misma públicas mis ideas en este blog)
Y ya que estamos voy a ser mordaz con tantas figuras que antes admiraba (hay que evolucionar, darle al coco y replantearnos nuestros referentes), guiñoles al servicio de META que se dedican a mercantilizar la combatividad autoproclamándose altavoces de ciertas luchas; mercantilizan el propio feminismo, convirtiéndolo en contenido fácilmente consumible, digerible; enmascaran de comedia lo que viene siendo utilizar la lucha emancipatoria y neurálgica de las mujeres para obtener likes, followers, con el fin último de ser seudoestrellas pop en definitiva. Y hay gente que se sorprende cuando digo que no me trago a toda esa calaña. Feministas burguesas que se sientan con agresores a sabiendas de que lo son, que violentan con sus discursos a toda mujer que no se ciña a su programa ideológico ciertamente clasista. No han tomado parte en la interseccionalidad y se autoproclaman adalides del movimiento soltando un speech que quepa en un reel "viralizable", y ya está, ahí empieza y acaba su "lucha", ¿a mí qué cojones tienen que enseñarme? Y cuidado, que mucha gente sólo tiene este tipo de contenido como referencia en feminismo. Qué peligro.
Igual que más arriba he dialogado con Weil, dialoga en sus canciones Battiato con tanta gente muerta que admiraba (aunque lo hace con mucha más gracia que yo). Y es precisamente en un guiño hacia Adorno, en su magnífica Bandera Blanca, donde ironiza sobre la degradación moral contemporánea, en la que ya ni siquiera hay espacio para la tragedia, sólo para el cinismo envuelto en pop, una sociedad que ha cambiado la crítica por la complacencia, el pensamiento por un vanidoso espectáculo, y donde la única moral posible es esa, una "inmoralia mínima" en vez de una "mínima moralia", diluida, casi decorativa, nunca mejor dicho, un adorno, así que cantemos:
Qué difícil es quedarse quieto, indiferente,
mientras todo entorno hace ruido.
En esta época de locos nos faltaban los idiotas del horror (...)